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mayo 2021 | RSC y Desarrollo Sostenible
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Agua para la sed, cultura e identidad para Granada
Por Marga Fernández
 
 
 
 
Federico García Lorca dijo de ella: “El agua de Granada sirve para apagar la sed. Es agua viva que se une al que la bebe o al que la oye, o al que desea morir en ella”.

El agua va buscando su camino. Siempre lo encuentra. Desde Sierra Nevada, sus aguas bajan escandalosas a su paso por Monachil, haciendo que sus cerezas sean el fruto prohibido y sencillamente sean, deliciosas. Van dejando de rugir esas aguas a la altura en la que el río Aguas Blancas se apacigua y nos permite disfrutar de sus hermosas pozas heladas, sabiendo, que, al hacerlo, nos bañamos en la vida que alimenta nuestra tierra fértil al amparo de las choperas que adornan la ribera del río.

En la Alhambra, busca los recovecos que fluyen del Darro para llegar a todos los jardines y laberintos que matemáticamente fueron diseñados (por los árabes) dentro de la Sabika, (la montaña roja). No somos conscientes, pero todo lo hace el agua, consiguiendo darle a ese entorno el halo mágico, histórico y de leyenda que tiene. El agua corre por sus acequias, sale por las bocas de los mascarones que pacientemente ven pasar los siglos. El agua trepa también por la fuente de los leones, el partal, el patio de los arrayanes, llegando al mismísimo Generalife salpicando y creando vida alrededor de ella. Todo es un reflejo, que se mueve, que gotea, que se ve doble y que atrapa con su sonido, a la vez que nos relaja y nos transporta a esa otra época donde esa montaña estaba viva y excitada.



El agua, nuestro bien más preciado que corre y late, que fluye y golpea en cascadas que emanan el oro transparente que tenemos y que enriquece aquello que toca. Tenemos esa suerte. No es así en otras partes de nuestra geografía nacional o extrapolándolo, en otras partes del mundo. En Granada, excepto en épocas de mucha sequía, tenemos el privilegio de poder abrir el grifo y hacer que caiga, tanta como necesitemos.

FOTO ACERRA DEL DARRO

Lebrijano en su canción “A la entrada de Granada”, canta: “Granada canta al son del Darro y el Genil, mientras la Alhambra sueña con el Albaicín…” Es bajo nuestros pies, por donde corren las aguas de los ríos a los que canta el Lebrijano, al igual que lo hace, el agua de la Acequia Gorda, que recorre las calles y se sumerge como el Genil al paso de la mismísima calle Recogidas… Granada se esconde y fluye entre sus circuitos de aljibes, recorriendo la ciudad. Sus ríos llenos de prosperidad, en una época lejana, dieron oro, y de ahí el nombre del río Darro, que un día fue Dauro (de oro). Granada late, a golpe de pulso que empuja sus aguas y nos muestra lo viva que está.

Nuestra cultura está ligada al agua, a las fiestas que en nuestra provincia giran en torno a ella. Lanjarón y su fiesta de San Juan en junio (declarada de interés turístico en Andalucía). La fiesta en torno al deshielo en Sierra Nevada que también tiene gran interés turístico y, vivir rodeados de sierras y de cauces naturales que embalsan aguas subterráneas, hacen de nuestra provincia un vergel propicio en el que solo unos pocos y pocas, tenemos la suerte de vivir. También nuestro sistema de regadío es parte fundamental de aquella herencia árabe, y nos trae el agua por acequias que siguen permitiendo el regadío de nuestros campos, tal y como se hacía cientos de años. Los productos autóctonos de nuestra tierra son la mejor muestra de la riqueza del agua que nuestra provincia tiene.

FOTO CASCADA SIERRA NEVADA
Fotografías: Raquel Paiz